9 de julio de 2012

Las margaritas se van de excursión

cuentos infantiles


El jardín donde vivían las margaritas era entretenido en verano, pero no lo suficiente para ellas. En esos meses de calor, siempre había niños que jugaban en el jardín con los pies llenos de arena ¡de la playa! Y las margaritas les escuchaban con envidia lo bien que se lo habían pasado haciendo castillos con la arena e intentando saltar las olas.

Así que un sábado soleado decidieron irse de excursión ellas también a la playa. Tuvieron suerte porque alguien se había olvidado un coche de juguete en el jardín, así que se montaron en él y pusieron rumbo a la arena y las olas de agua salada.

“Uuyyyy, ¡cuánta agua!¡cuánta arena!” gritaron ilusionadas las margaritas al llegar. Menuda ilusión se llevaron al ver la playa, y cuánto les gustó. Primero decidieron tomar el sol, y lo hicieron sobre unas hojas verdes enormes que habían traído del jardín. 

Después de un tiempo tomando el sol, quisieron bañarse. Y poco a poco fueron mojando sus tallos, luego sus pétalos y por fin se metieron enteras en el agua del mar. Saltaron las olas, nadaron un poco y cuando vieron el atardecer, decidieron que ya era hora de regresar al jardín. Además en cuanto anochecía las luciérnagas empezaban a iluminarse y a cantar, y era uno de los momentos más hermosos del jardín de las margaritas. ¡No se lo querían perder!

La sorpresa vino cuando montaron en el coche para volver a su jardín. ¡No entraban! ¡Algo pasaba!¡Habían crecido! Claro, pensó la más lista, “¡el agua nos ha hecho crecer!” Así que tuvieron que agacharse y ponerse muy juntitas para poder entrar de nuevo en el coche de juguete. Pero no les importó. ¡Se lo habían pasado tan bien! Así que felices, y más altas, llegaron a su jardín, donde se plantaron de nuevo y oyeron susurrar a los niños y a las niñas “¡Cuánto han crecido estas margaritas!”. Sólo ellas sabían el porqué.

Y las luciérnagas empezaron a cantar una noche más.

Ilustración: Ana del Arenal




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