El baño de Tina y Leo: cuento, audiocuento y lámina para colorear

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Los mellizos Tina y Leo se lo han pasado de miedo esta tarde en el parque. De vuelta a casa, mamá ha preparado el baño como todas las tardes. Tina y Leo se bañan juntos, ¡les encanta! Agua calentita, muchos juguetes… ¡y a chapotear!

Aunque mamá siempre les diga que tengan cuidado con tanto chapoteo, a Tina y Leo les gusta mucho que el agua salpique. Hoy, además, toca lavar el pelo. Así que después de enjabonarles todo el cuerpo, mamá les ha puesto champú en la cabeza. Primero a Leo y luego a Tina. Ha comenzado a frotar, y frotar, y frotar… hasta que se les ha llenado la cabeza de espuma.

- ¡Pareces una tarta!, le ha dicho Tina a Leo. Y los dos han empezado a reír a carcajadas.
- Papá, ven, soy una tarta!!

Papá ha entrado a toda velocidad en el baño para ver las cabezas de Tina y Leo convertidas en bonitas tartas de champú. Pero sin darse cuenta ha resbalado con el agua que había caído fuera de la bañera y se ha pegado un buen culetazo.

- ¿Estás bien?, ha preguntado mamá, un poco preocupada.
- Sí, tranquilos. ¡Tina y Leo han vuelto a llenarlo todo de agua! Oye, es verdad que parecéis dos tartas… Ahora no tengo dos niños, ¡tengo dos merengues gigantes!

Y todos han vuelto a estallar en risas. Papá se ha levantado del suelo y Leo le ha dicho “Papá, no queremos que te vuelvas a caer, intentaremos tener más cuidado con el agua”. “Eso está muy bien, Leo”, ha contestado papá. “¡Es una muy buena idea para una cabeza de merengue!”

Ilustración: Ana del Arenal

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¿Qué día es hoy?

Tina y Leo aprenden a usar un calendario

Leo ha sorprendido esta mañana a mamá con una pregunta: ¿Cuánto falta para la Navidad?

- Todavía bastante, ha contestado mamá
- ¿Pero cuánto es bastante?, ha preguntado Leo

Así que mamá le ha llevado a la cocina y le ha mostrado el calendario. “Mira Leo: hoy es lunes, en el calendario estamos aquí. Y tienen que pasar todos estos días antes de que llegue la Navidad”.
Leo se ha quedado un poco decepcionado y, al verlo, mamá le ha explicado que van a pasar muchas cosas divertidas antes de que llegue la Navidad y que no tiene que tener prisa porque pasen los días.

“Por ejemplo, este día es el cumpleaños de la abuela e iremos a su casa a comer todos juntos. Este otro día vais a ir de excursión con el cole a visitar una granja. Esta semana celebraremos las fiestas de la ciudad y Tina y tú podréis subir en las ferias”.

Leo se ha animado y mamá ha tenido una idea. “¡Vamos a poner un calendario en vuestra habitación! Así sabréis qué día de la semana es, si Tina y tú tenéis que ir al cole o no, y si os toca gimnasia por la tarde”.

Mamá ha llamado a Tina y los tres han colgado un calendario en el cuarto de los mellizos. Con unos rotuladores, han empezado a marcar todas las fechas importantes que les ha ido contando mamá. Leo se ha puesto muy contento… Aún falta mucho para la Navidad, ¡pero se ha dado cuenta de que enseguida llegará la fiesta de cumpleaños de su amigo Simón!

Ilustración: Ana del Arenal

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Cuentos para colorear

Dibujo para colorear de una ballena azul


A partir de hoy abrimos nueva sección para que los más pequeños de la casa se animen a colorear las ilustraciones que acompañan los cuentos del bául. Empezamos con "La gran idea de la ballena azul". Después de leerlo, podéis descargar lámina para colorear de la ballena

¡A colorear!

El cocodrilo enamorado

(También disponible como audiocuento)







Cuento de un cocodrilo que se enamora
Coco era un cocodrilo verde y vago que se pasaba los días en el lago. Cada día que pasaba se aburría más. Miraba con envidia a la tortuga que vivía en la orilla de enfrente y que se ganaba la vida transportando de un lado a otro del lago a conejos, caracoles y gusanos.  La tortuga movía rápidamente su cola y atravesaba a toda velocidad las aguas al tiempo que imitaba  el ruido de un motor.

-Bruuuummmm

-Parece que la tortuga se divierte a pesar de estar trabajando- pensaba el cocodrilo.

A él eso de trabajar no le parecía divertido. Prefería aburrirse. Aunque significara estar siempre solo, sin amigos y sin hablar ni reír con nadie.

Hasta una tarde llegó al lago una cocodrila nueva. Coco enseguida se enamoró de ella y la quiso impresionar. 

-Me pondré a trabajar, haré amigos y ella también querrá ser amiga mía.

Y empezó a transportar animales de un lado a otro del lago. Acordó con la tortuga que él lo haría los días de lluvia. Así  los animales estarían a cubierto en su enorme boca y los días de sol él descansaría. ¡Y descubrió que sí era divertido trabajar sobre todo porque se hizo un montón de amigos que le contaban historias geniales! Y además, la cocodrila nueva se acercó a él para que le  explicara cómo se podía trabajar en ese lago y para que le presentara a sus amigos.

Y acabaron por enamorarse. Y Coco el cocodrilo continuó divirtiéndose y olvidó la época en la que le gustaba aburrirse y no trabajar.

Ilustración: Ana del Arenal

No me gusta la ensalada

Tina y Leo aprenden a comer ensalada

Los mellizos Tina y Leo están sentados a la mesa y los dos están enfurruñados. La última vez que mamá puso lechuga sobre la mesa no quisieron comerla, papá y mamá se enfadaron y todo terminó en un tremendo lío.

Cuando mamá les ha dicho que como primer plato había preparado una ensalada, le han dicho muy serios: “No queremos ensalada. No nos gusta la lechuga”.

          - Esto no es lechuga. Se llama rúcula. Veréis que hojas tan bonitas.

Y ha puesto sobre la mesa los platos. Tina y Leo se han quedado muy asombrados al ver que la ensalada tenía forma de flor. Tomatitos rojos en el centro y hojas verdes como si fueran pétalos. Los mellizos estaban intrigados.

          - ¿A qué sabe la recula?, ha preguntado Leo
          - No es recula, sino rúcula, ha corregido mamá. Es un sabor diferente a la lechuga, probadlo.

Leo se ha reído. Rúcula le ha parecido un nombre muy gracioso. Así que ha metido el tenedor en su plato y ha empezado a comer, mientras Tina se resistía. “Es verde, como la lechuga. Seguro que no me gusta”, ha dicho antes de probar nada.

          - Los guisantes también son verdes y bien que te gustan, ha dicho mamá.
          - Sí, pero son bolitas. Esto son hojas, como la lechuga.
          - Tina, tú eres una chica lista, y ya has visto que no son iguales. Son diferentes, porque saben diferente. Mira Leo, está comiendo y parece que le gusta.
          - Sí está bueno, mamá, ha explicado Leo con la boca llena.

Tina ha mirado a Leo, luego a mamá… y ha decidido probar su ensalada. Vaya, desde luego no era lechuga, tenía un sabor diferente. “Es posible que haya alguna comida que no os guste”, ha explicado mamá. “Pero siempre tenéis que probar para saber qué os parece. ¿Qué pasaría si no hubieseis probado el chocolate porque es del mismo color que la comida de Atila, nuestro perro?”.

Ilustración: Ana del Arenal

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El murciélago bailarín

Cuento de un murciélago que amaba bailar
Había una vez un murciélago peludo y volador que por las noches bailaba y por el día descansaba boca abajo en su cueva. Por su cumpleaños le regalaron unos cascabeles que se colgó en sendas alas y entonces sus bailes se convirtieron en un hermoso espectáculo al que acudían todos los animales del bosque cada noche.

Pero un día el murciélago se rompió un ala y tuvo que dejar de bailar para siempre.  Se encerró en su cueva y pasó varias semanas colgado sin moverse, muy triste. Hasta que decidió que a él le seguía gustando el baile y que como no podía bailar, iba a enseñar a los animales del bosque. Porque viéndoles bailar, iba a disfrutar también un montón.

Todos querían bailar como él, así que empezó enseguida las clases de baile. El que más difícil lo tenía era el hipopótamo que con sus cortas patas y su grueso cuerpo no conseguía seguir el ritmo.  En cambio las águilas y los conejos lo hacían de maravilla.

Cuando llegó el final del otoño, la mayoría se podía decir que sabían bailar. Y en agradecimiento al esfuerzo que había hecho el murciélago enseñándoles, le prepararon una bonita sorpresa ¡el baile del murciélago bailarín! Un baile para el que se ponían todos dos alas negras y bailaban los pasos preferidos del murciélago. Y al murciélago bailarín aquello le pareció tan genial como las noches en las que podía bailar.  Y entonces decidió dedicarse a enseñar a bailar y por eso le empezaron a llamar “el murciélago maestro bailarín”.

Ilustración: Ana del Arenal

Lee cuando quieras este cuento infantil sobre un murciélago

El lobo glotón

Cuento de un lobo que comía dulces

Todos los lobos tienen fama de feroces. Pero nosotras conocemos un lobo muy simpático que estaba preocupado porque ningún animal se le acercara por miedo a ser devorado. Así que queriendo demostrar que él no era un lobo feroz, que no comía animales y que su comida preferida eran los dulces, montó una tienda a la que llamó “La despensa de caramelos del claro del bosque”.

En ella vendía  caramelos de hierbabuena, piruletas de piñones y chicles de musgo. Pero ningún animal se acercaba, porque le seguían temiendo. Entonces se puso una careta de caracol, para engañar a los animales que enseguida pensaron que era un caracol de verdad. Eso sí, un poco raro porque tenía orejas de lobo y una enorme y peluda cola. Pero como sus caramelos estaban muy ricos, los animales no dudaban en acercarse a su tienda.

-Soy un caracol del Polo Norte, un lugar donde nieva y  tenemos mucho pelo para protegernos del frío- explicaba el lobo con careta de caracol cuando veía que le miraban extrañados su cuerpo peludo.

Pero un día el conejo descubrió al lobo quitándose la careta de caracol, para poder comer más cómodamente una piruleta de piñones.

-¡Es el lobo!- contó al resto de los animales – pero no es el lobo feroz de los cuentos, este es un lobo glotón, a quien solo debemos temer ¡si tenemos un dulce en la mano porque si nos despistamos nos lo quita para comérselo él!

Y todos los animales rieron y fueron donde el lobo a decirle que no le hacía falta la careta de caracol y que si seguía cocinando esos dulces tan ricos los animales iban a seguir acercándose contentos a su tienda. 

Ilustración: Ana del Arenal
Lee cuando quieras este cuento infantil sobre un lobo

¿Qué día es hoy?


Los mellizos aprenden el uso del calendario
Leo ha sorprendido esta mañana a mamá con una pregunta: ¿Cuánto falta para la Navidad?
          - Todavía bastante, ha contestado mamá
          - ¿Pero cuánto es bastante?, ha preguntado Leo
Así que mamá le ha llevado a la cocina y le ha mostrado el calendario. “Mira Leo: hoy es lunes, en el calendario estamos aquí. Y tienen que pasar todos estos días antes de que llegue la Navidad”.
Leo se ha quedado un poco decepcionado y, al verlo, mamá le ha explicado que van a pasar muchas cosas divertidas antes de que llegue la Navidad y que no tiene que tener prisa porque pasen los días.
“Por ejemplo, este día es el cumpleaños de la abuela e iremos a su casa a comer todos juntos. Este otro día vais a ir de excursión con el cole a visitar una granja. Esta semana celebraremos las fiestas de la ciudad y Tina y tú podréis subir en las ferias”.
Leo se ha animado y mamá ha tenido una idea. “¡Vamos a poner un calendario en vuestra habitación! Así sabréis qué día de la semana es, si Tina y tú tenéis que ir al cole o no, y si os toca gimnasia por la tarde”.
Mamá ha llamado a Tina y los tres han colgado un calendario en el cuarto de los mellizos. Con unos rotuladores, han empezado a marcar todas las fechas importantes que les ha ido contando mamá. Leo se ha puesto muy contento… Aún falta mucho para la Navidad, ¡pero se ha dado cuenta de que enseguida llegará la fiesta de cumpleaños de su amigo Simón!

Ilustración: Ana del Arenal

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El pato Patolón


Cuento del pato que andaba en bicicleta

Érase una vez una granja donde vivía el pato Patolón. Además de él, en la granja, vivían otros animales: unas vacas, un perrito, unos cerdos y unas gallinas. El dueño de la granja se llamaba Godofredo y tenía un hijo llamado Fredito. A Fredito le encantaba andar en bicicleta y siempre la dejaba aparcada a la entrada de la granja. En ese momento, el pato Patolón aprovechaba para subirse en la bici de Fredito y darse una vuelta por la granja. 

Y cuando pasaba por las cuadras las vacas lo miraban sorprendidas, pensando si ellas también serían capaces de aprender a andar en bici. Los cerdos se tapaban los ojos con las pezuñas por miedo a verle estrellarse y el perrito ladraba. Así pasaban los días y el pato Patolón cada día andaba un rato en bici.


Un día Fredito invitó a todos sus amigos a merendar un chocolate a la granja. Llegaron todos con sus bicicletas y las dejaron aparcadas en la puerta de la casa.

Cuando el pato Patolón vio todas las bicis, tuvo una gran idea. “Voy a proponer a mis amigos los animales que se monten en las bicis y vengan a dar una vuelta conmigo por la granja. ¡Qué divertido!" 

Y fue a buscar a las vacas, los cerdos, el perrito y las gallinas y todos se montaron en las bicicletas. Al principio les costó un poco aprender, pero cuando empezaron a moverse todo era más fácil. Así, todos empezaron a seguir a Patolón por la granja dando gritos de alegría y riéndose. 

Cuando ya lo habían pasado muy bien y estaban un poco cansados dejaron las bicis en el mismo sitio donde las habían dejado Fredito y sus amigos. Entonces todos le dieron un abrazo enorme a Patolón por haberles enseñado a andar en bici, y se fueron muy contentos a sus cuadras en la granja.

¡Hasta la siguiente travesía en bici!- se despidió Patolón


Con la colaboración de Carlos Teijeira

Ilustración: Ana del Arenal

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¡A navegar!


Cuento sobre el primer viaje en barco


Tina y Leo pensaban que iban a la playa, como siempre, cuando se han subido al coche con el traje de baño, los manguitos, el cubo y la pala. Pero papá no ha aparcado donde lo hace habitualmente. Ha pasado de largo y han llegado hasta el puerto.
          - ¿Qué hacemos aquí?, ha preguntado Tina.
          - Siempre preguntáis qué hay en la isla que se ve desde la playa.
          - Yo ya sé que una isla es un sitio que tiene mar alrededor, ha explicado Leo.
          - Bien, pues hoy vamos a coger un barco para ir hasta esa isla y pasaremos el día allí.

¡Qué contentos se han puesto Tina y Leo! Así que mamá y papá han comprado los billetes y han subido todos al barco. No era muy grande, pero tenía dos pisos. Todos han querido subir al de arriba, para ver bien el mar.

Al cabo de unos minutos, el barco se ha puesto en marcha y ha empezado a navegar rumbo a la isla. ¡Cómo se movía! De vez en cuando venía una ola. “¡Esto se parece mucho al parque de atracciones!”, ha exclamado Leo. Y todos se han reído.

Todos menos papá, que llevaba un rato bastante serio. “¿Qué ocurre?”, ha preguntado mamá, “¿estás bien?”.

Papá ha dicho que se estaba mareando un poco y ha bajado al piso de abajo. “Vamos contigo”, le ha dicho Tina. Pero papá le ha contestado que disfrutaran del viaje, que él volvería enseguida, en cuanto estuviera un poco mejor.
Mamá, Tina y Leo lo han pasado en grande. Han visto muchas gaviotas y otros barcos. Por fin han llegado a la isla, ¡allí había otra playa!

          - "¿Os ha gustado el viaje?", ha preguntado papá, que al bajar del barco ya tenía mejor cara.
          - ¡Sí! Pero tú estás malito.
          - No os preocupéis. Mucha gente se marea cuando va en barco. Ahora ya me encuentro mejor. ¡Estoy listo para construir con vosotros un castillo de arena!
Ilustración: Ana del Arenal

La nutria y el caballito de mar



Cuento sobre la amistad entre una nutria y un caballito de mar

En un enorme río de América del Norte vivía una nutria que era la número uno en natación. Pero en su última competición se había golpeado con una enorme piedra la cola, y había llegado la última en la carrera, empatando con el pequeño caballito de mar. 

-No te entristezcas nutria, yo siempre pierdo porque soy el más pequeño, y aún así me lo paso bien compitiendo- le explicó el caballito de mar.

La nutria pensó que no era justo perder por ser pequeño, además seguro que si el caballito de mar se entrenaba también podía ganar. Y eso fue lo que le propuso. Entrenar para ganar la gran carrera de primavera que se celebraba dos semanas más tarde. Al caballito de mar le pareció una idea genial. Y los días posteriores se levantaban pronto para correr con los tiburones, después de comer se iban a saltar con los delfines y por la tarde iban a la playa con los cangrejos para entrenarse andando hacia atrás. 

Llegó el gran día de la gran carrera de primavera, y el caballito de mar se situó nervioso en el punto de salida y a la de tres salió dando grandes saltos con los que avanzaba muy deprisa, y adelantó al pez payaso, al pez raya, al pez espada y a la tortuga de mar. ¡Y consiguió llegar el tercero! Después del delfín y la morena.  

Todos los animales del mar le felicitaron por su esfuerzo y por haber llegado el tercero ¡se nota que has hecho un buen entrenamiento con la nutria y que te has esforzado! Y por eso le dieron una medalla especial, quizá la que más valía, la medalla al esfuerzo y a la superación. Y el caballito de mar siguió entrando con la nutria y después de un tiempo incluso llegó primero en alguna carrera. 

Ilustración: Ana del Arenal

Lee cuando quieras este cuento infantil sobre una nutria

Vuelta al cole


Cuento sobre la vuelta al cole de Tina y Leo

Después de los preparativos, por fin ha llegado el primer día de colegio. Hoy mamá no ha esperado a que Tina y Leo se despertaran solos. Ha entrado suavemente en la habitación y les ha dicho: “¡Arriba chicos! ¡Hoy toca volver a clase!”.

Los dos se han levantado de un salto, se han vestido con ayuda de mamá y han ido a la cocina a desayunar. “Tenéis que coger fuerzas, hoy va a ser un día emocionante”, les ha dicho mamá.

¡Y tanto! Tina y Leo estaban muy emocionados: tenían muchas ganas de volver a ver a sus amigos y de conocer a Tomás, su nuevo profesor. Así que después del desayuno, han comenzado a preparar sus mochilas: el estuche con las pinturas nuevas, el libro con las fichas y el cuaderno.

- ¿Y mi cuaderno? Máma, ¡no encuentro mi cuaderno!

Leo se ha puesto a buscar por todas partes, cada vez más preocupado. Tina y mamá le han ayudado, pero el cuaderno no aparecía… Hasta que Tina ha descubierto una pequeña esquina amarilla debajo de la cola de Atila, el perro de Tina y Leo, que también engullía su desayuno.

- Leo, ¡Atila se ha sentado sobre tu cuaderno!
- Atila, le ha regañado Leo, devuélveme mi cuaderno. ¡Los perros no van al colegio!

Leo estaba un poco enfadado, pero se le ha pasado al oír que mamá y Tina se echaban a reír por lo que acababa de decir.

“Ahora que los dos tenéis lista la mochila, vámonos”, ha dicho mamá, “no querréis llegar tarde a vuestro primer día de clase!”.

Ilustración: Ana del Arenal

El león hambriento



Cuento corto sobre un león


En un gran bosque vivía un león rodeado de caracoles, mariquitas, mariposas y otros pequeños animalillos. El león, que por naturaleza debería de devorar grandes animales como cebras o antílopes, llenaba su estómago con esos animalillos.  Como primer plato engullía 10 caracoles, de segundo 40 lombrices y de postre tres ricas ranas. Pero claro ¡siempre le parecía poco y  se quedaba con hambre!

-Eres un glotón- le decía siempre su amigo el petirrojo.

-¡Cállate o te devoro!- le respondía hambriento el león.

Al león le rugían las tripas de hambre y empezaba a preocuparse porque si seguía así iba a acabar por comer a todos los animalillos del bosque, incluidos sus amigos.

Así que un buen día decidió irse de viaje a la selva más cercana, donde habitaban animales un poco más grandes y sabrosos con el fin de invitarles a vivir en su bosque, y así poder comerlos más tarde.  Cuando llegó a la primera selva invitó a 3 búfalos, 10 cebras y 7 ñus a su bosque. Todos aceptaron la invitación. Lo que no sabían es que el león les había engañado, porque les iba a comer.

Pero lo que pasó es que el día que el león quiso comer la primera cebra, cuando estaba cerca de ella, le pareció tan grande y tan bonita que no pudo comérsela. Además vio que la cebra comía ricamente la hierba del bosque, que nunca se terminaba y que siempre volvía a crecer. Y pensó que él también podría hacerlo ¡comer hierba hasta hartarse! Así que el león hambriento empezó a devorar la hierba, y con suerte de vez en cuando le tocaba comer un caracol o una serpiente, y comía y comía hasta que su estómago se llenaba y se podía ir a jugar con sus amigos los animalillos sin peligro de comérselos. 

Ilustración: Ana del Arenal
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¿Listos para la vuelta al cole?

Cuento sobre la vuelta al colegio de Tina y Leo

“¿Listos para la vuelta al cole?”, ha preguntado mamá a Tina y Leo mientras desayunaban.

          - ¡Sí!, han contestado los mellizos
          - ¿Seguro? ¿No os falta nada?
Tina y Leo se han mirado el uno al otro hasta que mamá les ha dicho: “¡Tenemos que comprar los libros y los cuadernos para el nuevo curso! En cuanto terminéis de desayunar, nos vamos a la librería”, ha anunciado mamá.
Una vez allí, han recorrido los diferentes pasillos. Con la ayuda de mamá, han elegido varios cuadernos: Tina uno rojo grande para dibujar y otro azul, más pequeño, para aprender a escribir. Leo los ha elegido verde y amarillo. Mamá les ha explicado que este año les enseñarán a leer y a escribir. ¡Tina y Leo son ya chicos mayores! También han cogido un gran estuche lleno de lápices de colores para cada uno. Con ellos harán bonitos dibujos en sus cuadernos nuevos.
Después, se han dirigido al mostrador para pedir los libros que van a necesitar. Mamá ha sacado la lista que le han dado en el colegio y se los han entregado.
De vuelta a casa, Tina y Leo han guardado el nuevo material en sus mochilas.

          - “Y ahora… ¿listos para la vuelta al cole?”, ha preguntado mamá
          - ¡Sí! ¡Ahora sí!
Ilustración: Ana del Arenal

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El grillo Grillín



Cuento sobre un grillo cantarín y sus amigos

En una estupenda pradera vivía un grillo que se llamaba el Grillo Grillín. Era muy grande y estaba llena de verde hierba y pequeñas flores de distintos colores. En la misma pradera vivían sus amigos los escarabajos, las hormigas, las mariquitas y las libélulas. Cuando hacía buen tiempo y salía el sol, Grillín cantaba con inmensa alegría para celebrar que tenía un día estupendo por delante. Cuando sus amigos se levantaban y oían a Grillín cantar, aguzaban el oído para ver si localizaban dónde estaba. “¡Está allí! ¡en esa dirección!", decía la hormiguita, y avisaba a todos para ir a ver al grillo. Cuando llegaban donde Grillín, este se alegraba mucho y empezaba a cantar sus mejores canciones, y todos los amigos se ponían a bailar juntos el baile del grillo.

-“cri-cri, CRI-CRI…cri-cri, CRI-CRI…”

Hubo, entonces, unos días de mal tiempo, con muchas nubes en el cielo y lluvias persistentes. Cuando los habitantes de la pradera se levantaban esos días, no oían cantar al grillo y se preguntaban. ¿Qué vamos a hacer hoy, sin bailar el baile del grillo? Como no canta, no podemos saber dónde está, ni si está bien. ¿Qué le habrá pasado a nuestro amigo Grillín?".

Pasaron muchos días malos sin saber de Grillín, hasta que un día, por fin, amaneció con sol. Las primeras que se despertaron fueron las tres hermanas mariquitas. La más pequeña de las tres se asomó a la gran pradera y escuchó un suave y lejano cántico. Muy contenta, avisó rápidamente a sus hermanas para que salieran y se pusieron a buscar a los demás. “CORRED, CORRED, vamos a buscar a Grillín, que ha salido el sol". Después de recorrer un largo camino en dirección a los cánticos se encontraron con el grillo. “¡Qué alegría veros otra vez amigos!",  exclamó Grillín, muy excitado. Entonces, se puso a cantar muy alto “cri-cri, CRI-CRI…cri-cri, CRI-CRI…” y se puso a bailar con sus amigos el baile del grillo. Y así, celebraron otra vez que estaban todos juntos disfrutando del día. 

Con la colaboración de Carlos Teijeira

Ilustración: Ana del Arenal
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Tina y Leo en el parque de atracciones

Un día en el parque de atracciones con los niños

Tina y Leo casi no podían parar quietos en el asiento del coche… ¡iban a pasar la tarde en el parque de atracciones! En cuanto han entrado, se han puesto a correr el todas las direcciones para elegir las ferias en las que iban a subir. Papá y mamá los han juntado: “No os preocupéis que tenemos tiempo, podréis probar todas las atracciones que queráis. Pero no os separéis de nosotros, no os vayáis a perder como le pasó a Leo en el supermercado”.
          - ¡Quiero subir en el tren mágico!, ha pedido Leo
          - Está bien, ha dicho papá. Elegiréis por turnos las atracciones en las que subís.
Han empezado por el tren mágico. ¡Qué divertido! Un payaso les ha hecho reír, un fantasma les ha asustado, un oso les ha regalado un globo… ¡vaya viaje más emocionante!
De ahí se han marchado a la noria, la atracción que ha elegido Tina. Arriba y abajo, arriba y abajo, han dado una y mil vueltas. Cada vez que estaban arriba, saludaban a papá y mamá con la mano.
Después han hecho cola para el carrusel de caballitos, más tarde han saltado en las camas elásticas. ¡Qué divertido era todo! Papá y mamá les han hecho muchísimas fotos.
Así han pasado la tarde, de feria en feria, hasta que ha llegado la hora de regresar a casa. Tina y Leo no querían marcharse. “Es muy tarde, ¡casi la hora de la cena!”, les ha dicho Papá. “Mañana podemos ver todas las fotos que hemos hecho. ¡Seguro que os encanta volver a ver las ferias!”.

Ilustración: Ana del Arenal

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La gallina superhéroe

Cuento sobre un lobo y su amistad con las gallinas


En un tranquilo gallinero de una granja sureña vivían unas cuantas gallinas que pasaban el tiempo poniendo hermosos huevos y comiendo grano. En su día a día tenían pocas novedades y mucha calma. En ocasiones les visitaba el gallo, otros días el granjero y alguna vez el perro pastor les ladraba para asustarlas y divertirse un rato.

Pero una noche de verano, su vida cambió. Una de las gallinas salió a pasear y picotear el grano sobrante de la mañana. Y mientras disfrutaba del aire fresco, oyó un ruido extraño. Se giró, y vio unos enormes ojos que le observaban.

-¡Es un zorro!- gritó.

Y aterrorizada fue en busca de ayuda. Contó asustada que había visto al zorro. Y la gallina mayor del gallinero decidió salir a comprobarlo.  Y, sí, allí estaba el zorro. Enfrente de ella, y con unos dientes enormes. Se acercó lentamente hacia él y empezó a dar vueltas a su alrededor, primero despacito y luego cada vez más rápido, más rápido y superrápido. Hasta que el zorro de seguirle con la mirada cayó al suelo mareado.

Al ver que ya no había peligro las otras gallinas salieron cacareando contentas.

-Eres nuestra gallina superhéroe, nos has salvado de ser comidas por el zorro.

Y tranquilas como cualquier noche de verano, se fueron a dormir. Hasta que el perro del granjero vino con ganas de jugar y empezó a ladrarles y a intentar arrancarles alguna pluma. Y entonces todas miraron de nuevo a la gallina mayor, quien se dispuso a salvarles y de un brinco se acercó al perro y empezó a darle picotazos hasta que huyó dolorido.

Al ver que ya no había peligro las gallinas salieron cacareando contentas.

-Eres nuestra gallina superhéroe, nos has salvado de ese desagradable perro.

Y por la mañana, como agradecimiento de tanto salvamento, con una pluma de cada una de ellas le tejieron una bonita capa en la que escribieron la letra S y la letra G de ¡SuperGallina!

Ilustración: Ana del Arenal

Lee cuando quieras este cuento infantil sobre una gallina


El búho con gafas

Cuento sobre un búho que se puso gafas

Había un búho muy dormilón que se pasaba el día dormido y  las noches despierto escuchando cómo el resto de animales roncaban.

Una día, que no conseguía conciliar el sueño cuando el sol ya brillaba y era su hora de dormir, decidió seguir con los ojos bien abiertos para observar cómo era la vida en el bosque durante el día.

¡Cómo corrían los animales! ¡Qué bien se lo pasaban! Ahí iba el cocodrilo, y por allá el caballo, y ¡qué pequeño era el caracol!

-Eh, ¡pequeño caracol!- gritó el búho.

-Caracooool- repitió alzando la voz.

-¿Me llamas a mí?- le respondió un erizo que pasaba por allí.

-Sí, a ti caracol-le respondió el búho.

-¡Si yo soy un erizo! ¡no un caracol!-digo indignado el erizo.

-A ver acércate para que te vea bien. ¡Ay, si pinchas! Pues es verdad, eres un erizo y no un suave caracol.

-Toma, para que no te confundas más- le dijo el erizo mientras le ofrecía unas enormes gafas.

-¿Para qué sirve esto?

-Son unas gafas que se ponen en los ojos para que puedas ver bien todo lo que pasa a tu alrededor.

Y el búho se las puso. Y pudo ver que efectivamente era un erizo con quien estaba hablando, y que el caballo que había visto en realidad era un burro, y el cocodrilo una serpiente cascabel. ¡Madre mía que confusión! ¡Claro como él solo estaba despierto durante la noche no le hacían falta las gafas, había poca cosa para ver en la oscuridad!

Pero durante el día había muchos animales, colores y naturaleza que observar ¡y con esas gafas no se iba a perder nada!  Ahora solo hacía falta aprender a dormir durante la noche y estar despierto durante el día ¡eso sí que iba a ser difícil!

Ilustración: Ana del Arenal
Lee cuando quieras este cuento infantil sobre un búho



El color del mar


Esta tarde, mientras jugaban en el parque con su amigo Malick, Tina y Leo han escuchado cómo dos señoras que pasaban por allí han comentado: “¡Qué bien! Los niños blancos y los negros jugando juntos”.

Tina y Leo no han entendido qué querían decir, y al llegar a casa se lo han preguntado a su ama.

           - ¿Por qué nos han dicho eso? Malick no es negro. Como mucho es marrón, como el chocolate. ¡Y nosotros no somos blancos!, ha dicho Tina.
           - La leche sí es blanca, ha continuado Leo. Pero mira mi brazo: no es del mismo color que la leche.
           - Tenéis razón chicos, les ha explicado ama. Lo que ocurre es que, a veces, el color no es lo más importante, no es lo que define las cosas. ¡Y mucho menos a las personas! Ahora lo entenderéis.

Ama ha encendido el ordenador y en la pantalla han aparecido las fotos de las vacaciones de verano en la playa. “Fijaos bien en el mar”, les ha pedido.

Los días de sol el mar se veía azul claro, muy claro, casi verde. Pero durante dos días, Tina y Leo no pudieron ir a la playa porque llovía. En las imágenes, el mar aparecía de un azul mucho más oscuro. “Cambia el color, pero sigue siendo el mar”.

“Como bien habéis dicho, ni vosotros sois blancos, ni Malick es negro”, ha continuado ama. “Todos sois niños de color piel. Malick tiene la piel un poco más oscura, vosotros un poco más clara. Como en el mar, el color puede cambiar. Pero el mar es siempre el mar, y vosotros sois todos niños. ¡Niños muy divertidos a los que les encanta jugar!”

Ilustración: Ana del Arenal

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La gran idea de la ballena azul

Cuento de una ballena azul que querían cazar





En las aguas de algún océano vivía una ballena azul que tranquilamente nadaba. Era gigante y le gustaba jugar con los peces más pequeños de esas aguas. Pero últimamente estaba algo asustada porque había muchos barcos, balleneros, que iban en busca de ballenas como ella. Así que casi no salía ya a jugar y pasaba las horas pensando ideas para poder ahuyentar a los hombres que venían en esos barcos.
 -Mmmm ¿cuál es el animal al que más miedo tienen los hombres?- preguntó la ballena a sus amigos.

-A mí- le respondió orgulloso el tiburón.

-Pues me voy a disfrazar de tiburón.

Y se puso una aleta de mentiras. Y el truco funcionó porque los hombres se asustaron. 

Pero unos días más tarde se acercaron otros hombres, pescadores de tiburones. Y entonces la ballena cambió de disfraz. Esta vez de delfín. Pero unos días más tarde se acercaron otros hombres, pescadores de delfines. Y entonces la ballena cambió de disfraz, ahora de piraña. Pero unos días más tarde otros hombres pescadores de pirañas se acercaron... y la ballena azul ya estaba tan agotada de disfrazarse para huir de los hombres pescadores que pensó en una idea mejor. Puso un enorme cartel a la entrada del océano que decía "Peligro. Hay pescadores de hombres". 

Y así los hombres asustados por si alguien les pescaba ya no se acercaron, ¡y todos los peces del océano pudieron jugar tranquilamente!


Ilustración: Ana del Arenal



¡Feliz cumpleaños, Tina y Leo!

Celebración de un cumpleaños infantil

Hoy es un día muy especial, ¡es el cumpleaños de Tina y Leo! Los mellizos, un poco nerviosos, no han podido dormir la siesta y han ayudado a papá y mamá con los preparativos para la fiesta. Han colocado globos de colores por toda la casa, han colocado la merienda sobre la mesa… han estado muy ocupados hasta dejarlo todo listo.

No han tardado demasiado en llegar los invitados: la abuelita, la tía Marta y el tío Luis con Pablo, su primito pequeño, y David y Nicolás, los niños que viven en la casa de al lado.

Los niños han salido un rato a jugar al jardín. Cuando mamá y papá les han llamado para merendar, uno de los sillones del salón estaba lleno de regalos.

          - ¡Cuántos paquetes!, ha exclamado Tina muy contenta
          - Son los regalos que os han traído para celebrar vuestro cumpleaños.

Mientras Tina y Leo abrían los regalos, muy emocionados, David y Nicolás les miraban desde una esquina. Leo se ha dado cuenta de que se aburrían un poco y les ha dicho: “¿Por qué no nos ayudáis a abrir los regalos?”.

          - ¡Vaya!, ha comentado entonces mamá, ¡Es una idea buenísima Leo! Las cosas buenas, compartidas con los amigos, son aún mejores!

Todos muy contentos, se han puesto a merendar. Después, mamá y papá han traído una enorme tarta de chocolate con las velas encendidas. Han cantado “cumpleaños feliz”, han soplado las velas y han comido un buen trozo de tarta.

Y con las barrigas bien llenas… ¡se han puesto a jugar con todos sus nuevos juguetes!

Ilustración: Ana del Arenal

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One lovely blog award

Qué ilusión nos hizo ver que Beatriz, de http://bmusikgarten.blogspot.com.es, nos había elegido para el One lovely blog award! Así que cumplimos encantadas con las exigencias del premio:

1.- Nombrar y agradecer el premio a la persona/blog que te lo concedió, además de hacerte seguidor de su blog. Desde luego, damos las gracias a Beatriz tanto por el premio como por la posibilidad de conocer otros blogs, entre ellos el suyo, que nos ha parecido de lo más original por su formato y por sus contenidos. ¡Ya hemos tomado nota de varias ideas que propone!

2.- Responder a las 11 preguntas que te hace.

1. ¿En qué te inspiras para tus posts?
http://www.elbauldeloscuentos.es/ lo hacemos tres mamás, basándonos en las historias que inventamos para nuestros hijos. Nos pareció que era una bonita idea compartir estos cuentos con otras personas y, hace aproximadamente un año, lanzamos el blog. Desde entonces, todos los lunes, hemos publicado un nuevo cuento en el baúl.

2. ¿Cuánto tiempo tardas en hacer un post de tu blog?
Es difícil calcular el tiempo… Laura y Ainhoa escriben las historias que después ilustra Ana. ¡Es un trabajo en equipo!

3. ¿Qué te aporta tu blog?
Nos ha permitido lanzarnos a la blogosfera, que es un mundo que no conocíamos ¡y que nos ha enganchado!

4. ¿Qué te gusta y no te gusta de tu blog?
Nos gusta que sea una vía para compartir esos cuentos que de otra manera no hubiesen salido de nuestras casas. Y no nos gusta que sólo podamos publicar un cuento a la semana… pero el día sólo tiene 24 horas y por ahora no llegamos a más.

5. ¿Por qué crees que hay tantos blogs de padres como los nuestros?
Porque la maternidad/paternidad es una experiencia mágica que todos queremos compartir. Antes, los padres no parábamos de hablar de las cosas que nos sucedían con nuestra familia, amigos, con los otros padres del parque… ahora, gracias a Internet, se puede ir mucho más allá. Y resulta enriquecedor.

6. ¿Qué crees que debería cambiar en la educación de los niños?
Me temo que no nos vamos a atrever a entrar ahí… Cada uno lo hace lo mejor que puede y todos tenemos nuestra particular visión de la educación.

7. ¿Cuál es tu libro favorito?
Las tres coincidimos en que somos incapaces de elegir un solo libro…

8. Y ¿tu película favorita?
Venga, vamos a intentar elegir una sola...:
Laura: Me quedo con La vida es bella.
 Ana: Una de las que más me ha hecho reír ha sido La cena de los idiotas.
 Ainhoa: La mejor no sé, la última fue ayer, Intocable. ¡Muy recomendable!

9. Dime un lugar donde nunca has estado y te gustaría ir.
Laura: Japón.
Ana: Budapest.
Ainhoa: Perú.

10. ¿A qué te gustaba jugar más cuando eras niñ@?
Laura: pasaba horas haciendo puzzles.
Ana: pintar, pintar y pintar.
Ainhoa: yo era muy de muñecas.

3.- Elegir 11 blogs a los que entregar el One lovely blog award y dejarles un comentario.
http://quiquilo.wordpress.com/
http://www.unacasaenelarbol.com/
http://www.lagallinapintadita.com/
http://yanethpoints.blogspot.com.es/

Andrés el ciempiés



Cuento sobre un ciempiés que nunca dejaba de andar


Andrés siempre estaba andando. Caminaba con sus patitas cortas y nunca, nunca se paraba. Caminaba cuando llovía, cuando el sol le calentaba la espalda o cuando soplaba el viento. Caminaba de noche, cuando las estrellas te guiñan el ojo desde el cielo, y también de mañanita cuando la luz se está desperezando recién levantada de la cama. Caminaba por la arena fresquita de la playa y por las piedras, por la hojarasca y por las aceras, incluso utilizaba las ramitas que flotan en los riachuelos como puentes colgantes.

-Adiós Andrés, ¿adónde vas tan deprisa? - le saludaban los animales que se cruzaban con él.

-Buf, buf - les respondía Andrés, sin apenas pararse y con la cabeza agachada para ver por donde pisaban sus cientos de patitas y no perder el camino.

En realidad nadie sabía qué dirección seguía Andrés, ni porqué se pasaba todo el día en movimiento. Entre nosotros, la verdad es que ni él mismo lo sabía muy bien. Sólo pensaba que escuchar el ruido de sus pasitos le hacía sentir bien. El avanzar, poquito a poquito, le parecía una maravilla aunque no tuviese claro hasta dónde quería llegar.

-¿Porqué no te paras un rato, descansas y te tomas un refresco con nosotros?-  le decían los gusanitos mientras Andrés les pasaba rápido a su lado, casi sin mirarles.

-Buf, buf, no puedo, tengo que llegar a esa esquina antes de que se haga de noche - respondía.

-¿Y después, cuando llegues allí? – le preguntaban.

-Después……siempre habrá otra esquina un poco más adelante- y sus patitas seguían moviéndose todas juntas, con un ritmo casi perfecto, como bailarinas de ballet, tip, tap, tip, tap, tip, tap.

Con la colaboración de Pedro Surja

Ilustración: Ana del Arenal
Lee cuando quieras este cuento infantil sobre un ciempiés


¡Ya es primavera!

Tina y Leo descubren la primavera
Después de desayunar, Tina y Leo han salido al jardín con papá. “¡Mirad chicos, la primavera ha llegado!”. Los mellizos han mirado con cara de sorpresa a su papá.
“Fijaos en ese árbol. En otoño, se le cayeron las hojas. ¿Os acordáis de que el jardín estaba entonces lleno de hojas secas? Durante todo el invierno, sólo veíamos sus ramas. Y ahora, si os fijáis bien, veréis que le empiezan a crecer hojas nuevas. Es así porque ya ha llegado la primavera”, ha explicado papá.
Tina y Leo se han acercado para verlo bien. “¡Es verdad!”, ha dicho Leo, “Puedo ver hojas pequeñas y verdes en las ramas”.
“Y no es sólo eso”, ha continuado papá. “Fijaos bien en la hierba: ¡se está llenando de margaritas! También en primavera nacen nuevas flores”.
Después de la primavera vendrá el verano, luego el otoño seguido del invierno, y de nuevo la primavera. Son las estaciones del año. Papá ha explicado a los mellizos que pasan una tras otra y que son muy importantes para la naturaleza. “Los árboles, las flores, los animales… se van guiando por las estaciones. También los niños”.
“¿Los niños?”, ha preguntado Leo.
“Claro”, ha contestado papá. “Ha llegado la primavera y con ella… ¡vosotros podéis guardar la bufanda y los guantes hasta el próximo año!”.  
Ilustración: Ana del Arenal

La oveja peluda

Cuento de una oveja que no se cortaba el pelo

En un campo no muy lejano, donde el calor empezaba a notarse, las ovejas comían hierba fresca y palos secos. Esos días esperaban con ganas la llegada de la esquila. ¡Era como ir a la peluquería! Tanta lana empezaba a molestarles y deseaban quitársela para andar más ligeras por el campo. Todas menos Peluda. Era una oveja friolera y no quería que le cortaran su melena de lana.

-Mmmmm- pensaba el pastor- a Peluda si le quitamos la lana habrá que hacerle un jersey para que no pase frío.
-¿Y si le dejamos su lana?- le propuso el hijo del pastor- así no tendremos que tejerle un jersey porque ya estará abrigada. 

Y pasaron varios veranos y Peluda era la única oveja que no se esquilaba y su lana crecía y crecía. Hasta que llegó un momento en el que le pesaba tanto que no podía moverse, y ya no salía al campo, y se quedaba sola en el redil. 

El hijo del pastor se empezó a preocupar. Peluda era su oveja preferida y ya no quería jugar con él. Además, su lana cubría sus ojos y su boca, y ya no podía ni ver ni comer. Así que una noche, mientras Peluda dormía, decidió esquilarla sin que se diera cuenta. 

A la mañana siguiente, ¡qué susto! Las ovejas no veían a Peluda, pensaban que se había escapado. 
-Soy yo beeeee, balaba Peluda.
-¡Pero si no tienes lana!, le dijo extrañado el  papá carnero.
-Se me ha debido de caer por la noche, porque ya pesaba mucho, le explicó Peluda sin saber realmente lo que había pasado.

Y corriendo salió al campo a comer hierba fresca y a jugar con las otras ovejas. ¡Qué divertido era y qué bien se sentía ahora sin ser una oveja peluda! Aunque las ovejas le seguían llamando Peluda, porque a pesar de estar esquilada, el pastor siempre le dejaba lana en la cabeza ¡para que se viera guapa y abrigada!

Ilustración: Ana del Arenal
Lee cuando quieras este cuento infantil sobre una oveja

Un viaje en tren

(También disponible como audiocuento)

La aventura de Tina y Leo en su primer viaje en tren

Tina y Leo van a ir esta tarde con papá y mamá a visitar a la abuela. Como el coche está en el taller, han decidido ir en tren. ¡En tren! Esta vez el perro Atila tendrá que quedarse en casa, pero los mellizos están muy emocionados con el viaje.
Así que después de comer han salido todos rumbo a la estación. Una vez allí, mamá ha comprado los billetes y los ha repartido para que cada uno tuviera el suyo. “Ahora tenéis que meterlo en esas máquinas para que se abran las puertas y podáis pasar al andén”.
Primero ha pasado papá, después Tina y Leo y por último mamá. ¡Ya estaban dentro! ¡Cuántos trenes! Como han ido con tiempo, han podido pasear un rato para verlos. Cuando se ha acercado la hora, han buscado su tren y han subido. Tina y Leo querían sentarse en la ventana para poder ver bien el paisaje, así que papá y mamá se han sentado junto a ellos, en el pasillo.

Y de repente… ¡piiiiiiii!!

          - ¿Qué pasa?, ha preguntado Tina
          - Ese sonido significa que estamos a punto de marcharnos, ha explicado mamá.
          - ¡Bien!, han gritado juntos Tina y Leo.

El tren ha arrancado. Al principio, despacio. Desde la ventana Tina y Leo han visto cómo iban dejando la estación atrás. Y primero poco a poco, luego cada vez más rápido, hasta que los árboles desfilaban a toda velocidad. De pronto, todo se ha puesto oscuro y había mucho ruido. Leo se ha asustado.

          - Papá, ¿qué pasa? ¡Tengo miedo!
          - No te preocupes, Leo, le ha calmado papá. ¡Es sólo un túnel! Enseguida saldremos y veréis de nuevo el paisaje.
Y así ha sido. Tina y Leo han vuelto a ver árboles, casas y vacas por la ventana durante un buen rato. Hasta que… ¡ha llegado otro túnel! Otra vez estaba todo oscuro y se oía mucho ruido. Pero esta vez Leo ya sabía que era un túnel y no se ha asustado.
Así, entre túnel y túnel, han llegado al final del viaje. Y ahí, en la estación, ¿a quién han visto por la ventana? ¡A su abuelita, que había ido a buscarles!
Ilustración: Ana del Arenal

La selva de la risa



Historias de los animales de la selva


Había una vez una hiena esbelta, con sus motitas marrones, a la que le encantaba hacer trastadas a los animales de la selva para luego reírse a carcajadas. Le ponía la zancadilla al conejo, rompía la rama en la que estaba durmiendo el búho, despertaba al oso mientras hibernaba…

Pero solo la hiena reía, porque a los animales no les hacían gracia sus travesuras.

- Soy una hiena y ya sabéis que los sonidos que emito han de ser carcajadas, y hacer  trastadas me ayuda a reírme.

Es verdad, en todas las selvas, las hienas se ríen a carcajadas.

Pero no podían seguir así, debían enseñarle a reírse con otras cosas. Así que empezaron a contarle chistes, y ella se reía, le hacían muecas divertidas y no dejaba de carcajearse, le hacían cosquillas y pedía que pararan sin poder casi hablar de la risa… Y lo mejor de todo es que, además de reírse ella, con ella también se reían los demás animales.

Así que la hiena dejó de hacer trastadas y empezó a hacer cosquillas, y a hacer muecas. Y en la selva ya solo se oían carcajadas. Ni aullar, ni piar, ni rugir… ¡se había convertido en la selva de la risa donde todos los animales reían sin parar! Y ya no se distinguía si la carcajada era de la hiena, del cervatillo o de la lechuza.

Ilustración: Ana del Arenal

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Tina, Leo y los huevos de Pascua


Tina y Leo se divierten pintando huevos de Pascua

¡Por fin ha llegado Pascua! A Tina y Leo les gusta mucho esta fiesta. Empiezan pintando los huevos para decorar la casa y después buscan los huevos de chocolate que papá y mamá esconden en el jardín… ¡y que están buenísimos!

Así que se han puesto las batas del cole y han cogido un pincel cada uno. Tina ha empezado a pintar un huevo rojo con puntos verdes, Leo uno amarillo con rayas naranjas… Papá y mamá les han ayudado. Después de un rato de pintura, tenían un montón de huevos!

Una vez que la pintura se ha secado, los han colocado por toda la casa. ¡Qué bonito ha quedado toda llena de colores!

Entonces ha llegado el momento de comenzar con la parte más dulce de la fiesta.

          - ¿Queréis huevos de chocolate?, ha preguntado papá
          - ¡Síííí! ¡Síííí!, han gritado los mellizos.
          - Tenéis cuatro huevos cada uno, todos escondidos en el jardín. ¡Que empiece la búsqueda!

Tina y Leo han comenzado a revisar locos de emoción cada rincón de jardín. Y han ido encontrando un huevo… dos huevos… Al cabo de un rato tenían tres huevos cada uno, pero ni rastro de los que faltaban. “Creo que necesitáis que Atila os eche una mano”, ha sugerido papá.

“¿Pero dónde está Atila?”, ha preguntado Leo.

“¡Se está comiendo los huevos!”, ha gritado Tina.

Ahí estaba Atila, al fondo del jardín, relamiéndose y con los bigotes llenos de chocolate. Los mellizos han corrido hacia él y Atila ha empezado a jugar con ellos. ¡Han acabado todos llenos de chocolate!

Ilustración: Ana del Arenal

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La cebra pintora

Cuento de una cebra con rayas de colores

Había una cebra muy alegre que todas las mañanas se pintaba sus rayas de los colores del arcoiris. Decía que no quería ser una cebra triste, blanca y negra, que quería ser alegre y bonita como el arcoiris. Así que después de desayunar, con mucha paciencia, pintaba una a una sus rayas de amarillo, naranja, verde, azul, morado…

Y por la noche, antes de irse a dormir, se daba un baño largo en el río para quitarse la pintura, y recuperar sus colores blanco y negro.

Una noche, su amiga la liebre le vio mientras se bañaba y descubrió que su amiga en realidad no tenía rayas de colores.

-¿Y por qué te pintas las rayas?
-Porque quiero ser bonita como el arcoiris y no aburrida como el blanco y el negro.
-Estás confundida, el blanco y el negro son también colores bonitos. Mira lo dulce que es la música de un piano con sus teclas blancas y negras, o cómo ilumina la luz blanca de la luna llena, o lo divertida que es la chistera negra del mago, o la nieve blanca ¡y el chocolate negro!

Lo que le dijo su amiga la liebre le dio qué pensar a la cebra. Realmente había cosas blancas y negras que eran hermosas. Y si ella tenía rayas blancas y negras también podía serlo. Así que decidió dejar de pintarse y ser blanca y negra y ¡llamarse la cebra piano!, porque su piel se parecía al teclado de un piano. Y tanto le gustó la idea que hasta se pintó algunos de sus dientes de color negro. Y su amiga la liebre le decía:

- ¡Está claro que lo que tú querías era pintarte de todas formas! ¡en lugar de la cebra piano, te deberías de llamar la cebra pintora!

Ilustración: Ana del Arenal

Lee cuando quieras este cuento infantil sobre una cebra