3 de febrero de 2013

El jabalí que siempre llegaba tarde






Había un jabalí muy peludo y regordete que llegaba tarde a todos los sitios: a la escuela, a jugar con sus amigos, al río… y es que sus cortas patas no le ayudaban. Con ellas daba pequeños pasitos con los que avanzaba muy lentamente. Y el tiempo pasaba y él nunca llegaba puntual, aunque lo intentara.

Así que el día de su cumpleaños los amigos le regalaron una bicicleta.  ¡Para que aprendiera a montarla y llegara raudo y veloz a todos los sitios!

El primer día que el jabalí montó en la bicicleta se cayó, el segundo y el tercero también. Y así durante todos los días de la primera semana. Hasta que sus amigos se dieron cuenta de que el problema era que tenía las patas tan cortas que no llegaba a los pedales.

-¿Qué podemos hacer?- le preguntaba preocupado el oso al cervatillo.
-Podemos atarle unos palos a sus cortas patas, para hacerlas más largas y que llegue a los pedales.

Y lo hicieron, y el jabalí aprendió a montar en bicicleta y pedaleaba muy rápido gracias a que llegaba a los pedales con los palos. Pero ahora tenía otro problema. Cuando se bajaba de la bicicleta ¡no podía andar porque los palos atados a sus patas le molestaban!

-¡Qué desastre!

-Le regalamos mejor un patinete- dijo el cervatillo.

Y en el patinete el jabalí ya estaba más contento porque corría bosque arriba bosque abajo empujando con sus cortas patas el patinete. Y además era genial porque podía llevar a sus amigos más pequeños y lentos con él: caracoles, gusanos, hormigas, arañas… ¡Todos subían al patinete del jabalí y llegaban a los sitios tan rápidos como el lince y el avestruz!

Ilustración: Ana del Arenal
Lee cuando quieras este cuento infantil sobre un jabalí

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