Las ranas raperas

Cuento de las ranas que cantaban rap


Eran tres hermanas ranas verdes que se aburrían en su charca. Cada mañana cuando se despertaban repetían “me aburro, me aburro”, y se ponían a saltar de nenúfar en nenúfar hasta que pasaba una mosca y se la comían.

Un día el pato que también vivía en esa charca y que estaba cansado de tanto oír “me aburro, me aburro” les dijo muy enfadado:

-¿Por qué decís todas las mañanas lo mismo? Parece que estáis cantando una canción.

Y en lugar de enfadarse las ranas, les pareció genial la idea que, sin darse cuenta, el pato les había dado.  

-Vamos a cantar. Eso es lo que vamos a hacer para pasarlo bien. Vamos a pensar la letra de una canción y a acompañarla con nuestros saltos ¡Nos vamos a convertir en las tres ranas raperas!

Y se inventaron una animada canción que decía así: “me aburro, me aburro y me compro un burro que como no sabe nadar, no puede venir, a mi charca a jugar”.


Y qué éxito tuvo la canción, y cómo se divertían las tres ranas raperas mientras la cantaban y bailaban. Quien sin embargo no se divertía era el pato, que ahora también estaba harto de que todas las mañanas le despertaran las ranas con la misma canción.

Ilustración: Ana del Arenal
Lee cuando quieras este cuento infantil sobre una rana

La primavera ha llegado con Tina y Leo




Dibujo de primavera para colorear



Ya estamos en primavera y por eso queremos que os descarguéis la lámina de Tina y Leo descubriendo la primavera. Para que vuestr@s hij@s se diviertan coloreando y pintando flores al paisaje mientras les contáis la historia de ¡Ya es primavera!

Audiocuento: los tres cerditos y el lodo

Puedes escuchar aquí el cuento Los tres cerditos y el lodo.
El resto de audiocuentos están disponibles aquí.


Érase una vez tres hermanos cerditos a quienes les gustaba mucho ir a la escuela. Tenía cada uno una mochila preciosa con su nombre, en la que guardaban su estuche, el cuaderno y un libro de lectura.

Se levantaban muy temprano por la mañana para desayunar una manzana muy madura, casi casi pocha, y un buen vaso de leche que bebían con una pajita haciendo mucho ruido.

Un día, volviendo de la escuela, pasaron delante de un gran charco lleno de lodo. Con lo que les gustaba a ellos bañarse en el lodo, no lo dudaron: se quitaron las mochilas y saltaron al charco a la de una, a las dos y a las tres. Jugaron durante horas y horas, manchándose de lodo.

Cuando empezó a atardecer y casi ya no quedaba lodo en el charco, se dieron cuenta de que se había hecho muy tarde y de que sus padres estarían preocupados en casa esperándoles. Debían de pensar en alguna excusa para explicar porqué llegaban tan tarde a casa.

Por el camino fueron discutiendo. El mayor decía que podían inventarse que les había entretenido un lobo por el camino, el mediano que se había roto el puente por el que siempre pasaban para llegar a casa y el pequeño dijo que lo mejor era decir la verdad.

Y cuando llegaron a casa, sin pensarlo, les contaron a sus padres lo bien que se lo habían pasado jugando en el lodo y que por eso se les había hecho tarde. Y como al papa cerdo y a la mamá cerda también les encantaba el lodo, les preguntaron dónde estaba ese hermoso charco ¡para ir todos juntos a darse un chapuzón!

Ilustración: Ana del Arenal

Una mariquita sin manchas para colorear


Dibujo de una mariquita para colorear

Os podéis descargar esta mariquita sin manchas para que l@s pequeñ@s de la casa la coloreen. ¡Incluso pueden dibujar las manchas y cambiar el final de la historia! Aunque antes os recomendamos que se lo leáis para que disfruten con el cuento de la mariquita sin manchas. También podéis escucharlo, porque está disponible como audiocuento.

La araña patosa


Cuento de una araña que aprendió a tejer


Erase una vez una arañita que tejía telarañas desde la mañana hasta la noche. Con sus largos hilos las iba haciendo hasta que una de sus 8 patas se enganchaba y estropeaba su trabajo. “Qué patosa soy”, pensaba entonces. Y volvía a empezar una nueva telaraña con mucho cuidado para no romperla.

El caso es que nunca conseguía terminar una. Aunque tampoco le preocupaba mucho. Su hermana mayor  siempre compartía con ella las presas que cazaba con sus telarañas.  Pero un día su hermana se puso enferma y no pudo tejer, y se quedaron sin insectos para comer.

-Tienes que intentar hacer tú una telaraña- le decía su hermana.
-¡Pero es que siempre meto la pata!- respondía la arañita nerviosa.

Sin embargo, decidieron intentarlo. Y para conseguirlo, mientras tejía la arañita, su hermana mayor le vigilaba y avisaba cuando una de sus patas se iba a enganchar.  

-¡Cuidado con la pata 7!
- ¡Cuidado con la pata 3!
-¡No metas la pata 2!


Y a pesar de tanto jaleo de patas y números la arañita terminó su primera telaraña sin meter ninguna pata. Pero en lugar de tener la forma habitual, salió con forma de número 3. ¡Qué chulada de telaraña! Y continúo haciendo telarañas con forma del resto de números: 4, 5, 6, 7... y sin darse cuenta aprendió a hacer telarañas y nunca más volvió a ser una araña patosa.   

Ilustración: Ana del Arenal